
La cumbre, que coincidió con el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, puso sobre la mesa un dato especialmente relevante para el sector empresarial.
¿Qué ocurre cuando el recurso natural del que depende más de la mitad de la economía mundial continúa deteriorándose, mientras la financiación para recuperarlo sigue siendo insuficiente? Esta fue una de las preguntas de fondo que marcó la COP17 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), celebrada en Ulán Bator, Mongolia. Bajo el lema “Restaurar la tierra, restaurar la esperanza”, representantes de 197 países debatieron soluciones que dejaron avances en financiación para la restauración de tierras, pero también desafíos pendientes frente a la creciente amenaza de las sequías.
La cumbre, que coincidió con el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, puso sobre la mesa un dato especialmente relevante para el sector empresarial. Y es que aunque las compañías dependen en gran medida de la tierra y el agua para operar, hoy solo aportan el 6% de los fondos destinados a la restauración de tierras a nivel global. La secretaría de la UNCCD fue clara al advertir que la inacción climática pone en riesgo la continuidad de las operaciones empresariales
En ese contexto uno de los temas destacados fue Business for Land (B4L), la plataforma insignia de la UNCCD para el sector privado, que ayuda a las empresas a gestionar los riesgos asociados a la degradación de tierras y las sequías, al tiempo que abre oportunidades de negocio en la restauración de ecosistemas. El país anfitrión sumó además su propio consejo empresarial vinculado a Business4Land, en paralelo al foro juvenil Youth4Land.
En materia de resultados, la COP17 movilizó 1.300 millones de dólares en nuevos compromisos de financiación para proyectos de restauración de tierras y resiliencia ante las sequías en 23 países de cinco continentes, así como más de 1.200 millones de dólares para 45 proyectos de restauración de pastizales. También se lanzó el Fondo de Inversión para la Resiliencia a la Sequía (DRIF), que busca atraer hasta 400 millones de dólares en capital privado. Por su parte, el Banco Asiático de Desarrollo anunció un paquete de 2.000 millones de dólares para la región asiática-pacífica.
Sin embargo, por segunda cumbre consecutiva tras la COP16 en Riad (2024), no hubo un consenso sobre el marco global vinculante para la gestión de sequías. Las partes acordaron posponer su adopción hasta la COP18, que se celebrará en Egipto en 2028, y quedó pendiente también la discusión sobre comunidades, pueblos indígenas, mujeres y jóvenes, bloqueada tras una objeción de Estados Unidos.
El principal desafío sigue siendo la escala de la problemática: el 40 % de la superficie terrestre mundial ya está degradada, cerca de 500 millones de personas viven en zonas desertificadas y el déficit anual de financiación para restaurar tierras supera los 278.000 millones de dólares, según organizaciones ambientalistas.
Algunos mensajes clave que dejó el encuentro global fueron los siguientes:
- Las empresas dependen de la tierra y el agua, pero aportan solo el 6% de la financiación global para restauración de tierras: la COP17 lo puso como uno de los grandes vacíos a cerrar antes de la COP18.
- La financiación de la COP17 (1.300 millones de dólares en nuevos fondos, más 1.200 millones para pastizales) confirma que la restauración de tierras ya se mueve como una oportunidad de inversión, no solo como un gasto ambiental.
- Plataformas como Business for Land (B4L) muestran una ruta concreta para que las empresas gestionen el riesgo de degradación de tierras y sequías mientras identifican nuevos negocios en restauración de ecosistemas.
- La falta de un acuerdo vinculante sobre sequías aplazado ya dos COP consecutivas, hasta Egipto en 2028 deja a las empresas y a los gobiernos sin un marco común de gestión del riesgo climático en el corto plazo.
- La escala del problema (40% de la superficie mundial degradada, 500 millones de personas afectadas) hace que la brecha de financiación de 278.000 millones de dólares anuales sea uno de los datos más citables de la cumbre.
Más allá de los acuerdos, las cifras y los compromisos, la COP17 deja una historia que continúa escribiéndose en los territorios. Contar cómo la degradación de la tierra afecta a las comunidades, las empresas y los ecosistemas, así como visibilizar las soluciones que ya están en marcha, será fundamental para acelerar la acción. En ese reto, el periodismo tiene un papel clave: transformar datos complejos en historias que informen, inspiren y movilicen cambios hacia un futuro más resiliente.

